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por carmen

Las mujeres rurales necesitan reconocimiento público

el 14 diciembre, 2015 en publicaciones

noticia generoLos cambios que se están produciendo en nuestra sociedad afectan de una forma importante a las mujeres y, dentro de ellas, existen diferencias entre el medio urbano y el medio rural, no sólo en sus aspectos laborales, sino en todas sus formas de vida.

A pesar de todo lo que se ha conseguido, dista mucho de una situación ideal.

Las mujeres desempeñan un papel primordial en el mundo y en la economía rural, tanto en los países en desarrollo como en los países desarrollados.

En este sentido Celia Agulló indica que su participación en el sector agrícola resulta de vital importancia, pues contribuyen, en gran medida, a la erradicación de la pobreza y del hambre, al acceso a una educación universal, así como al fomento de un desarrollo sostenible.

Sin embargo, dicha contribución se ve mermada por diferentes factores, como la discriminación y el estereotipo de género, que repercuten en la vida de las mujeres y en el sector agrícola, imposibilitando el control y el acceso equitativo a los recursos y servicios productivos que precisan para conseguir un mayor rendimiento.

De este modo, el mundo rural se ve gravemente afectado en términos de productividad y son diversos elementos los que entran en juego, además de la existencia de la brecha de género.

Factores como la privatización de recursos y servicios, el estado de abandono del sector agrícola, la liberalización del comercio internacional, la migración de la mano de obra, el cambio climático, la especulación en los mercados internacionales así como la inseguridad alimentaria influyen, en gran medida, en la producción y en el desarrollo agrícola.

Todos ellos implican graves consecuencias para la sociedad, en lo que respecta a seguridad alimentaria, crecimiento económico, producción y desarrollo agrícola, así como bienestar social.

Las mujeres de las áreas rurales forman un grupo heterogéneo, diferenciadas por la raza, etnia, religión, clase social y región, que colaboran, de forma significativa, en la economía rural de los países en desarrollo, como agricultoras, ganaderas, comerciantes y empresarias.

Consideran el medio rural como la principal fuente de trabajo que les permite cumplir con sus necesidades básicas.

Además, contribuyen al fomento del desarrollo familiar mediante el aprovisionamiento de alimentos, agua, vestido, educación y salud.

20 POR CIENTO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL

En este sentido, es importante destacar, tal como lo hacen Inocencia Martínez, y Dolores de Miguel, el hecho de que en el mundo rural acoge el 20% de la población mundial y ocupa un 80% del territorio, siendo su “dedicación”, hasta hace bien poco, exclusivamente agrícola y ganadera.

En España el porcentaje aumenta, siendo el 24% de la población la que vive en algo más del 80% del territorio, dedicándose fundamentalmente a la actividad agraria y con un nivel de rentas que apenas alcanza el 50% de la media europea.

En términos reales, esto implica que casi cinco millones de mujeres viven en este ámbito, lo que representa el 15% de la población española (Merino, 2002).

A este hecho, hay que añadir el progresivo envejecimiento de la población rural, como consecuencia del éxodo de los jóvenes, de tal forma que el 60% de los titulares de las explotaciones agrarias tienen más de 55 años y solamente el 6% tiene menos de 35 años.

Además, la población femenina española en el medio rural no ha sido ajena a la progresiva incorporación de la mujer al ámbito de la actividad extradoméstica, al mercado laboral y a la sociedad civil en general, producidas en las últimas décadas.Ha aumentado su actividad laboral fuera del núcleo doméstico y está en proceso de desaparición la figura de “ayuda familiar” como dedicación principal, sobre todo entre las jóvenes.

Según indica Carmen Quintanilla, presidenta Nacional de la Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural, AFAMMER, el papel que desempeñan las mujeres rurales y su papel protagonista como colectivo en el desarrollo rural.

Se reivindican sus derechos como trabajadoras, su derecho a la igualdad de oportunidades, a la formación, al acceso a recursos, al poder y toma de decisiones.

Las mujeres rurales sufren una doble marginación, una por ser mujer y la segunda por ser rurales.

El trabajo invisible que realizan estas mujeres, tanto en el ámbito doméstico cuidando de sus hijos, de sus mayores, de su hogar, como en el campo, en condiciones muy duras, sin horarios fijos, sin vacaciones y en las más diversas tareas

Sin reconocimiento social o laboral alguno. Sin posibilidad de que se contabilice su contribución económica y social. Lo que desemboca en inestabilidad, trabajo sumergido, dificultades para acceder al mercado laboral, despoblamiento de las áreas rurales, etc.

Tal como se recogía en una reciente entrevista en El Norte de Castilla, debe tenerse presente que algunas mujeres en el mundo rural han tenido la posibilidad de estudiar, que son las menos.

Otras han trabajado en el pueblo, pocas. Las que han salido a trabajar a la ciudad o en el pueblo, ha sido a fregar y la mujer no solo vale para eso. Esto se produce al no tener posibilidades de formación, de esta manera no pueden acceder a cargos mayores. Una vez que han salido de la ESO, en los pueblos, chicas y chicos, no tienen posibilidades de continuar estudiando, a no ser que sean de familias con bastantes recursos económicos.

Hay que luchar muchísimo, y si se quiere que las entidades lo sepan, hay que seguir trabajando no solo por la mujer, sino por la mujer rural. La gente tiene que tener las mismas posibilidades de formarse viva donde viva. La mujer rural tiene que tener los mismos derechos y posibilidades que la mujer del medio urbano.

Y esta es la realidad de la mujer en el ámbito rural, que representan el estereotipo de  mujeres que trabajan fuera de casa, se ocupan de la misma y educan a sus hijos, todo al mismo tiempo, aunque esta situación es la de la mayoría de las mujeres en nuestro país, pero no todas viven en la ciudad, cumplen con su jornada laboral, reciben un sueldo por ello cada mes y tienen reconocidos sus derechos laborales.

Las mujeres rurales por el contrario, tiene las mismas obligaciones, pero no así los mismos derechos, ni las mismas facilidades de acceso a servicios.

El orden tradicional en cualquier sociedad rural sitúa a la mujer como el eje principal del hogar, pero el hecho que la mujer se incorpore al mercado del trabajo no lleva consigo el que se compartan con el marido las responsabilidades domésticas y, mucho menos, cuando el trabajo realizado por la mujer se enmarca en una economía informal y solo se considera como una pequeña ayuda a la familia. Y a pesar de que las mujeres trabajen, la estructura familiar va cambiando muy despacio.

Lo cierto es que los hombres siguen comportándose como si de sociedades tradicionales se tratasen, es decir, ostentan la autoridad y delegan en sus mueres las obligaciones familiares, en cambio ellos siguen valorando su tiempo libre con referencia a sus aficiones: el bar, la partida, la caza, el fútbol

Afortunadamente, la situación de las mujeres rurales ha cambiado considerablemente en los últimos años. Su papel tras años de lucha empieza a valorarse. Se puede decir que la andadura hacía el reconocimiento de sus derechos laborales, políticos y culturales ha comenzado.

Todo gracias al protagonismo que por sí mismas han alcanzado, realizando un esfuerzo superior al del resto de mujeres.

Debido a su inconformismo, a su trabajo y a su constancia, además de colaborar en el desarrollo cotidiano de sus explotaciones, están logrando un modesto papel en la sociedad actual, consiguiendo hacerse participes de actividades locales, turismo rural, conservación de la naturaleza, agroindustria, adaptación a nuevas tecnologías, etc

DISCRIMINACIONES

Sin embargo, en nuestra sociedad continúan reflejándose discriminaciones que condicionan la situación de las mujeres rurales. Mujeres que por el sólo hecho de haber nacido en zonas rurales padecen una serie de desigualdades en aspectos educativos, sanitarios, participativos, etc.

Por todo ello, cabe preguntarse ¿cuál es la situación actual de la mujer rural en España?.

En el siglo XXI, en pleno estado de la sociedad del bienestar, las mujeres rurales padecen una serie de desigualdades. Las particulares circunstancias de la vida rural limitan sus derechos a la educación, la sanidad, las comunicaciones, las nuevas tecnologías, el reciclaje personal, etc.

Por lo que la imagen de la sociedad que se distribuye diariamente en medios de comunicación, no se corresponde en absoluto con la de las áreas rurales.

La mujer rural nunca podrá competir en igualdad si no parte en igualdad de condiciones que la mujer urbana.

La desigualdad de género se hace aún hoy en día patente en todos los ámbitos, pero aún más en el medio rural.

Las mujeres rurales no tienen el reconocimiento laboral y social de sus derechos.

Son trabajadores invisibles del sector agrario, ganadero y pesquero al estar relegadas a un papel secundario. La mujer rural se enfrenta por tanto a la falta de reconocimiento de derechos laborales, inestabilidad, trabajo sumergido, reticencia a la contratación de mujeres en puestos cualificados, escasa o nula participación en cooperativas y organizaciones.

La mujer rural joven ante las dificultades y la falta de perspectivas laborales, unidad a otros factores como falta de infraestructuras, se ve obliga a abandonar su medio, lo que se traduce en el grave problema de la despoblación de las áreas rurales.

Además, debe tenerse presente, que las mujeres emprendedoras se encuentran con dificultades añadidas. Se encuentran aisladas y en rasgos generales, les falta la confianza para plasmar sus ideas en proyectos. Las fuentes de crecimiento y financiación para transformar sus ideas en estrategias de desarrollo les son desconocidas.

O bien, se encuentran con el problema de la falta de apoyo de su propia familia o pareja para el desarrollo de sus proyectos.

No podemos olvidar que el “rol” asignado a la mujer rural, es totalmente distinto al de las mujeres que viven en áreas urbanas. Las dificultades se duplican para las mujeres rurales debido al papel que la propia sociedad en la que están inmersas les ha asignado.

Sin embargo, a pesar de todo esto, se esta produciendo un cambio de mentalidad en el colectivo de estas mujeres, sobre todo en las más jóvenes, que empiezan a rechazar la idea de que su vida debe girar en torno al cuidado de la familia.

Las mujeres rurales caminan hacia la autoestima y la independencia, siendo éstos factores determinantes en su emancipación y en las relaciones que se establecen dentro de la unidad familiar.

PRODUCEN EL 50 POR CIENTO DE LOS ALIMENTOS CULTIVADOS

La ruptura con el modelo de sociedad que establece un papel para la mujer es hoy por hoy una realidad. Son las propias mujeres las que deciden que quieren hacer con sus vidas.

Estas mujeres empiezan a demandar un reconocimiento social del trabajo doméstico. Trabajo que queda fuera de las estadísticas y de la contabilidad económica por no estar remunerado. Pero trabajo al fin y al cabo.

Una sociedad más igualitaria debe estar basada en el reparto de tareas entre hombres y mujeres: en el trabajo asalariado, en la economía, en la política, en la toma de decisiones y también en el ámbito doméstico y de cuidado de niños y mayores. Las mujeres forman ya parte del sistema productivo y resulta más que evidente que ya no hay vuelta atrás.

Es innegable el papel que juegan las mujeres rurales en el desarrollo económico y social del medio rural. Pero es necesario que la sociedad en general, comience a reconocer los valores de las mujeres rurales, para lograr una sociedad integrada y rica en la que el hecho de nacer hombre o mujer, no limite las capacidades ni las posibilidades de las personas.

Por tanto, ¿qué necesidades se le plantean pues a las mujeres rurales?

Las necesidades de las mujeres rurales no son diferentes de las de cualquier mujer que viven en el medio urbano.

Obviamente hay que tener en cuenta un medio distinto, con las características socioeconómicas propias del mismo, pero con una riqueza y posibilidades infinitas.

Si falta la mujer, si negamos su papel y labor, si limitamos su acceso  al trabajo, o a servicios básicos, si la obligamos a  emigrar, ¿cuáles pueden ser las consecuencias?. Se debe reflexionar con mucha seriedad al respecto.

Las mujeres rurales producen el 50% de los alimentos que se cultivan en el mundo, y necesitan que una vez por todas se eliminen las dificultades que aún padecen en aspectos educativos, sanitarios, participativos, de acceso al empleo, etc.

Es preciso que las mismas obtengan un reconocimiento y un respaldo social en sus múltiples tareas de consejeras, sanitarias y conservadoras del medio ambiente.

Necesitan, asimismo, que se dediquen medios económicos y estructurales a las zonas en las que viven.

Todo ello constituyen objetivos claros en los programas de la clase política pero debe priorizarse temas como son los referentes a la educación, la sanidad, las comunicaciones, el permanente reciclaje personal, la ocupación del tiempo libre, etc, entre otras muchas cuestiones que afectan a las mujeres del ámbito rural.

También es importante recodar, que a los efectos de evitar discriminaciones injustas, como las que se ha venido haciendo referencia, estas mujeres necesitan que se avance en la búsqueda de fórmulas que permitan el reconocimiento profesional y legal de las mismas.

Al hilo de ello es preciso que se comience a producir el reparto efectivo de tareas en el núcleo familiar, y una formación adaptada a las necesidades específicas del medio rural. En definitiva, todo ello constituye exigencias que no son diferentes a las de ninguna mujer de la sociedad urbana y que son en realidad derechos de todas las personas.

Consecuentemente con este panorama, y para concluir estas breves reflexiones, es importante destacar el papel que juegan las organizaciones y asociaciones de mujeres rurales.

Están llevando a cabo una encomiable labor de movilización y concienciación social, trabajando para combatir las relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres en el medio rural, y al mismo tiempo, promoviendo la incorporación de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad rural.

Por ello, es imprescindible la coordinación y cooperación entre los distintos agentes sociales y políticos implicados en materia de desarrollo rural e igualdad de género, mediante la elaboración de planes y estrategias que no solo nos encamine a la igualdad entre hombres y mujeres, sino a que desaparezcan las propias desigualdades entre las propias mujeres en el entorno rural, frente al ámbito urbano.

Y que, por el hecho de vivir en uno o en otro, todas las mujeres sin discriminación alguna, tengan las mismas oportunidades de desarrollo personal, laboral y profesional, garantizándose al mismo tiempo esa imprescindible igualdad, valga la redundancia en la eficacia de los derechos sociales, e idénticas cotas en el estado del bienestar que como ciudadanos exigimos.

Fuente

Confilegal.com

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El BOE publica la convocatoria de subvenciones a entidades de mujeres rurales de ámbito nacional para 2015

el 14 mayo, 2015 en Subvenciones

boeEl objeto de la presente orden es convocar, en régimen de concurrencia competitiva, las subvenciones para el ejercicio 2015, destinadas a entidades de mujeres rurales de ámbito nacional, previstas en la Orden AAA/652/2015, de 8 de abril, por la que se establecen las bases reguladoras de la concesión de subvenciones a entidades de mujeres rurales de ámbito nacional, para el desarrollo de actividades de colaboración y representación ante la Administración General del Estado, así como para la realización de actividades específicas de especial interés para impulsar el papel de las mujeres en el mundo rural.

Conoce la Disposición aquí

Podrán ser beneficiarias de estas ayudas las entidades previstas en los artículos 2 y 3 de las bases reguladoras de estas subvenciones. Consulta dichas bases, pulsando aquí